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Hoy hemos salido sobre las siete en direccion a Ouarzazate y Zagora. Calculo que habran sido unas seis u ocho horas de viaje. Quedan los moviles sin cobertura, dejamos atras el wifi y es como si entraramos en un vacio del espacio y tiempo. Se pierde nocion de las horas y de donde se estara. Tambien antes me pasaba durante los viajes, sobretodo con cambios horarios, quizas la diferencia sea que en el estado de hipercomunicacion en que vivimos lo hace mas patente. Quizas ni eso, siempre paso esto en vacaciones y nunca se lo achacamos a los moviles. Resumiendo.. Que necesito un reloj.  Reflexionando un poco caigo en la cuenta de que ya llegue a esta conclusion en su dia en china. Cosa de la desmemoria.

Los paisajes han variado bastante dentro de la gama de amarillos que despliega Marruecos. Desde la aridez de la salida de Marrakech y los tonos amarillos anaranjados o verdosos del Atlas hasta el verde polvoriento del valle del Draa. Poco a poco va cediendo el verde en favor  del polvo y la arena segun nos acercamos al limite con el desierto. Pobreza y sudor seco son, no obstante, una impresion indeleble a lo largo de todo el pais. 

Encontramos nuestro primer supermercado y poco mas. El dia se fue dentro de una furgoneta, como tantos otros de transporte. Al menos llegamos al desierto, comimos en su borde en un campamento y hoy dormiremos en una tienda rodeados de arena.

 

Es una experiencia, aunque como tantas veces, no se si la parafernalia sobra o no. Si es para ganarse a los turistas o realmente es un pasatiempo antes de ir a la cama sacar los timbales y tocar algo, si lo harian si no estuvieran en excursion organizada. Podria ser, pero me extrañaria que todos los dias fueran fiesta... Por otra parte es obvio que estos paisanos son camelleros y trabajan en el campo, distan bastante de um grupo animadores socioculturales al uso. Como fuere, tengo que decir que una conversacion al lado del fuego o la lampara siempre es mejor opcion para un lunes que bailar al son de los bongos y escuchar la ocasional estrofa del Macarena cuando nuestros compañeros de campamento se animan a unirse al tamborileo.

Al menos me dio para conversar con algun guia y la  charla de la cena tampoco fue aburrida, con los dos americanos de nuestra mesa y el chino que duerme ahora en nuestra tienda. Todo es una mezcla de sensaciones.
 

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