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Nos levantamos sobre las siete menos veinte para salir a menos cuarto o en punto.

De nuevo Flores nos depara una sorpresa agradable y quince minutos antes de la hora a la que normalmente comienzan los desayunos, Epang ha bajado tortitas, fruta y cafe para todos. Un detalle que agradecer, sobre todo pensando que es la mañana de partir y que dificilmente volveremos a Flores. Menos Eva, los demas las engullimos a la carrera antes de salir para el aeropuerto.

Parece que en Flores cualquier persona con un coche es un taxista. Contabamos con ello, con que alguien nos parara y ofreciera llevarnos al aeropuerto. Es como funcionamos nosotros en los viajes, mejor suerte o pasta que antelacion, las dos cosas resuelven mas o menos. Tampoco es mal plan, teniendo en cuenta que no hay servicio de taxis en Flores, si fueramos mas estrictos con la organizacion nos habria dado un infarto en la isla. No fallamos por mucho con nuestro planteamiento, en el primer cruce, la bifurcacion donde elegir si enfilar hacia abajo a la izquierda al pueblo o a la derecha subiendo al aeropuerto, nos ha parado un local con una furgoneta. Alli nos encajamos los seis, con las mochilas rellenando los huecos que teniamos para respirar y Richi compartiendo asiento con el copiloto. Digo compartir por decir algo, la verdad es que Richi iba en el asiento y el copiloto sentado sobre a palanca de cambios, todo por 80000 rupias... y menos mal que era Richi, el conductor iba a dejar tirado a su acompañante en la cuneta para llevarnos a nosotros y el pobre estaba con cara de circunstancia en la carretera cuando Richi le hizo entender que se venia con nosotros. No man left behind!.

Llegamos a tiempo y pasamos la facturacion... Yo con algo mas de peso que tuve que equilibrar devolviendole a Ruben algunas de la cosas que me habia dejado antes por que creia que no pasaba. De ahi a la sala de espera donde hicimos poco mas que ir al baño y aprovechar para comprar un gecko de piedra y madera que le llamo la atencion a Cris. Lo he hecho en secreto para darle una sorpresa en casa.

El Avion
Nos llevamos un susto con el avion. No por nosotros, por Richi. Con el panico que le da volar, cuando nos dimos cuenta de que era de helices casi nos vimos volviendo en ferry. Callamos todos y callo Richi que se limito a hacer algun comentario y subir con ademan intranquilo. Parece que fue Ruben quien le ayudo a racionalizar. Cuando le dijo que daba exactamente igual que la helice estuviese por dentro o por fuera, no es exactamente asi, pero al menos se subio. Eso no quito que hasta que despego el cacharro andara nervioso y con cara de pasarlo mal al borde del panico. Para lo cagon que es, debe de ser el chaval de Chapela con mas millas aereas a sus espaldas, con diferencia.

 

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Cara de panico. Richi no levanto la cabeza hasta que aterrizamos.

 

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Esta alto esto, eh?

 

 

La vuelta a Bali fue mas tranquila que nuestra primera experiencia en Ubud. El taxi nos dejo a la entrada de Sanur y nuestra parada inicial fue el que despues se convertiria en nuestro sitio de referencia para comer: El Cafe Lokal. Al estar todavia en el borde de la zona centrica, el ambiente era muy relajado, los precios economicos y la comida buena. La impresion de Sanur, sin dejar de ser favorable, quedaria diluida mas adelante por el acoso de gente ofreciendo excursiones, viajes, taxis, etc, etc, etc... No obstante, al llegar a hora no punta y empezar en el Cafe Lokal, el segundo contacto con Bali fue mucho mas suave de entrada que el de Ubud.

 

20161013121249 Yummy

 

Desde alli buscamos el hostel. Algo de internet, algo de Lonely Planet y en media hora nos dividimos. Los cazadores quedamos cuidando las mochilas y bebiendo cafe y las recolectoras comenzaron a preguntar en diferentes sitios para ver que tal estaban de primera mano. Una de las ventajas de ser seis personas es que si encuentras un hotel con poca ocupacion estas en posicion de negociar precios. Fue lo que hicieron las chicas y consiguieron las habitaciones dobles a 300.000 kopecs con desayuno incluido, teniendo en cuenta como era el guesthouse, fue un precio triunfal.

Cargamos las mochilas y tiramos para el hostel. Una puerta pequeña en la calle daba a un patio interior donde un gazebo de madera y paja cubria las mesas de teka delante de la barra. Frente la la estructura, tumbonas y mas alla de todo esto, al fondo, la piscina y las habitaciones. La primera impresion positiva se confirmo en los dias que estuvimos alli. Incluso paso de muy buena a impecable.

No tardamos demasiado en subir a las habitaciones, que tenian el aire acondicionado encendido para recibirnos con estilo. Ponernos el bañador y saltar a la piscina fue todo uno. Alli remojamos, nos refrescamos y despues de una ducha volvimos a lanzarnos a la calle.

El centro de Sanur esta compuesto de calles al mas puro estilo balines. Basicamente consiste en tiendas y restaurantes para turistas una detras de otra y algun complejo hotelero intercalado. Nada nuevo. Al menos dio para pasear hasta la playa y ver el final del atardecer con Ruben. El resto del equipo quedaria viendo tiendas, el pobre Richi con Ana y Eva. A nosotros nos pudo el cromosoma "Y" y escapamos de la quinta o sexta tienda arrastrandonos como buenamente pudimos. Incluso asi, al menos saque unas chanclas nuevas por 80.000 Kopecs. Las mias, que me duraron cuatro años desde que las pille en Koh Tao por 75 centimos de euro dijeron que no seguian adelante en el aeropuerto y solo una tira de esparadrapo de Richi hizo que no llegara descalzo hasta Sanur. Falto bastante poco, notaba que a cada paso el adhesivo iba cediendo derretido por el calor del mediodia. El regateo para conseguir la chancla, lo hice yo solito y practicamente quede con el precio de salida. En el segundo sitio donde pregunte me pidieron 20.000 kopecs mas que en el primero y lo dije. La señora me cobro el precio de salida del primer sitio... asi que como si no hubiese regateado. Se la veia contenta.

Nuestro primer dia en Sanur, el de la reconciliacion con Bali, termino en el hostel, despues de cenar el un sitio cercano, una cochera mejorada con aires occidentales, compramos unas Bintang que nos bajamos luchando contra el sueño y el cansancio en las tumbonas a pie de la piscina. Estos momentos, en los que nos reunimos como tantas veces en Londres, son la guinda de cada dia de viaje. Momentos en que todos juntos nos sentimos en casa, donde quiera que acabemos la jornada embadurnados en repelente de mosquitos y engullendo pastillas para la malaria.

 

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En hotel.

 

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 Y la playa. Noche cerrada.

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